La vida de María Paulina Osorno Calderón siempre ha transcurrido a máxima velocidad, ya sea sobre el asfalto de una pista de BMX o en el cumplimiento de su deber en la Policía Nacional. Hoy, su uniforme no lleva el tricolor de la Selección Colombia, pero carga con un orgullo mayor; el legado de su tío y su abuelo, quienes le enseñaron que servir a la patria es la carrera más importante de todas.
El salto que lo cambió todo
Durante 15 años, Paulina fue una figura indiscutible del bicicross colombiano. Su nombre empezó a sonar con fuerza cuando, en Ecuador, se atrevió a saltar un montículo de 13 metros, una hazaña que para la época solo lograba la múltiple campeona Mariana Pajón.
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Ese vuelo no solo la hizo visible ante los ojos del mundo, sino que le valió el respeto de la propia Mariana, quien al ver su destreza le confesó: “Me le quito el sombrero, Paulina”.
Desde ese momento, su carrera fue un ascenso meteórico. Fue Selección Colombia, recorrió el país, el mundo, y conquistó pistas icónicas como la de Berlín, en Alemania. Se coronó Campeona Nacional Junior, Panamericana y Latinoamericana, pero su momento de mayor gloria ocurrió en Chile, donde se alzó como campeona continental.
Ver la bandera de Colombia en lo más alto del podio, mientras el himno nacional retumbaba en tierras extranjeras, fue el sello de una deportista de élite.
Entre la vida y la fe
Sin embargo, el destino le puso una prueba que ningún cronómetro pudo medir. Un grave accidente durante un entrenamiento la dejó al borde de la muerte. Los médicos, con pronósticos reservados, aseguraron que su carrera deportiva había terminado. Pero Paulina, aferrada a una fe inquebrantable y a esa casta antioqueña que no conoce la rendición, volvió a las pistas para competir unos años más, demostrando que su voluntad era más fuerte que cualquier diagnóstico.
De la fama al servicio: un nuevo podio
En la cúspide de su carrera, Paulina tomó la decisión más difícil de su vida: dejar atrás las medallas, los trofeos y los aplausos internacionales para retomar el sueño que la acompañaba desde pequeña. Decidió ingresar a la Policía Nacional para continuar con la herencia familiar y dejar su propia huella, esta vez en el corazón de la gente.
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Hoy, la patrullera Osorno ha cambiado la adrenalina de las competencias por el servicio comunitario en Donmatías, Antioquia. Su labor ha sido tan impactante que la institución la reconoció con el galardón #GuardianesConHumanidad, una distinción esquiva que exalta a quienes llevan el servicio más allá del deber. Bajo el título 'Pedaleando sueños, de campeona a inspiración', Paulina no solo viste el uniforme, sino que entrena en bicicrós a 20 niños y niñas del municipio, inyectándoles la misma disciplina que la llevó a la cima del mundo.
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Un legado en construcción
Para Paulina, la cosecha de lo que sembró en las pistas apenas comienza a recogerse en las calles. Su sueño ahora es institucional: busca que el deporte sea una herramienta transversal en las escuelas de formación policial, resaltando que los uniformados pueden ser seres polifacéticos y talentosos.
"Es muy bonito sacar la casta, como decimos en Antioquia, y poder dejar esa huella", afirma con la misma seguridad con la que antes partía desde el partidor.
Su mensaje para el país es claro y contundente: “luchen, porque los sueños sí se hacen realidad cuando se siembra con disciplina; tarde o temprano, la vida permite disfrutar de la cosecha”.