Autopista Medellín - Bogotá

No solo transportadores, comerciantes y viajeros: familias quedaron a la sombra de la montaña que cedió en vía Medellín-Bogotá

Se estima que más de 40 mil metros cúbicos de tierra se vinieron abajo y tienen bloqueada la autopista Medellín Bogotá.

La FM Derrumbe en autopista Medellín-Bogotá

Pasadas las 8 y 30 de la mañana y con el frio de Medellín salimos desde el histórico Edificio Coltejer, en el centro de la ciudad, rumbo al oriente antiqueño: nuestro propósito era claro: conocer de cerca y acompañar a las familias afectadas por el deslizamiento que mantiene cerrada una de las autopistas más importantes del país: la Medellín - Bogotá.

En el trayecto nos cruzamos con varios conductores que regresaban. Habían decidido tomar rutas alternas: la vía hacia Barbosa, luego Cisneros, continuar hasta Puerto Berrío y salir por Caño Alegre para retomar camino hacia la capital del país. Lógicamente, el desvío les implicaba horas adicionales, más combustible e incertidrumbre.

A la vereda Valle Sol, lugar de la emergencia, llegamos sobre las 10:30 de la mañana. Nos recibió un sol inclemente, el mismo que tenían que aguantarse los soldados y policías que a esa hora hacían guardia para garantizar la seguridad de la zona. Pues como todos sabemos, en Antioquia, el panorama de orden público va de subregión en subregión, afectando a decenas de familias.

En medio del paisaje interrumpido por toneladas de tierra, más de 40.000 metros cúbicos, según los primeros reportes, trabajaban operarios de Invías y de la Gobernación de Antioquia. La maquinaria amarilla aguardaba su turno o avanzaba con lentitud, como si midiera cada palada frente a la magnitud del derrumbe.

A un costado de la carretera, algunos transportadores mataban el tiempo. Unos lavaban las llantas de sus vehículos; otros conversaban bajo la sombra improvisada de sus camiones. El deslizamiento no solo suspendió viajes: congeló itinerarios, contratos y ciertas entregas.

Familias afectadas por derrumbe en autopista Medellín-Bogotá

Pero más allá del asfalto y la maquinaria estaban las familias: campesinos y agricultores que viven a pocos metros de la vía y que hoy temen que la montaña vuelva a ceder. Por ese corredor transitan a diario cientos de vehículos; ahora, el silencio también les inquieta.

Una de esas historias es la de la familia Zuluaga. Su vivienda no sufrió daños estructurales y ninguno de sus integrantes resultó herido, pero el deslizamiento taponó las mangueras que abastecen de agua su casa. Se quedaron sin el líquido vital. Viven de la economía de un pequeño restaurante familiar. Mientras conversábamos con ellos, el olor a sopa y a almuerzo recién preparado se mezclaba con el polvo del terreno.

Por ahora, las autoridades estiman que, si las condiciones climáticas lo permiten, para el fin de semana podría habilitarse al menos un carril. Sería un respiro para la movilidad entre Medellín y la capital del país, y con ello, para millones de conductores que por estos días viven un tremendo dolor de cabeza por el cierre de la autopista.