Luego de casi un mes de agonía, murió el joven de 19 años que había sido apuñalado durante una riña en Medellín. La víctima, que permaneció hospitalizada desde el pasado 8 de febrero, no logró recuperarse de las múltiples heridas que recibió con arma blanca en medio de un violento enfrentamiento ocurrido en el barrio La Libertad.
Aris Ricardo Figueroa Asprilla, así fue identificado el joven fallecido, había ingresado en estado crítico a un centro asistencial tras ser atacado en plena vía pública. Las primeras versiones señalan que la discusión que originó la riña escaló rápidamente hasta convertirse en un episodio de violencia extrema que lo dejó gravemente herido.
De acuerdo con fuentes de la Secretaría de Seguridad, el ataque ocurrió en la madrugada del 8 de febrero, cuando Figueroa Asprilla recibió varias puñaladas. Aunque inicialmente fue trasladado con signos vitales y los médicos lograron estabilizarlo, su salud se fue deteriorando con el paso de los días. Finalmente, el joven murió a causa de las lesiones que comprometieron órganos vitales.
Tras su fallecimiento, un equipo del CTI de la Fiscalía, junto al fiscal asignado al caso, llegó hasta el hospital para realizar la inspección técnica al cadáver y avanzar en los actos urgentes de investigación que permitan esclarecer quiénes participaron en la riña y cuáles fueron las circunstancias exactas del ataque.
Con este caso, ya son cuatro los homicidios registrados en lo que va del año en la comuna 8 de Medellín, una cifra que vuelve a poner sobre la mesa un fenómeno que preocupa cada vez más: las riñas mortales.
El grave problema de las riñas en Medellín
Las riñas se han convertido en uno de los principales detonantes de homicidios y lesiones personales en Medellín. Hoy, la intolerancia ciudadana supera incluso la violencia asociada a bandas criminales, y conflictos que podrían resolverse con diálogo terminan en tragedias irreparables.
Datos del SISC (Sistema de Información para la Seguridad y la Convivencia) muestran que los fines de semana concentran la mayor cantidad de reportes de riñas, especialmente en las comunas de Aranjuez, Manrique y La Candelaria, sectores donde la línea 123 recibe más llamados por situaciones de intolerancia.
Un factor que dispara la gravedad de estos hechos es el consumo desmedido de alcohol y sustancias psicoactivas. Barrios con bares informales, zonas con alta afluencia nocturna y sectores residenciales donde prolifera la venta de licor se convierten en escenarios propicios para confrontaciones violentas. La mezcla de licor, emociones exaltadas y la presencia de armas blancas o de fuego transforma un problema cotidiano en un evento fatal.
Las autoridades han identificado que los domingos en la madrugada son el momento más crítico: allí se reportan picos de violencia que han obligado a implementar restricciones de horarios y reforzar la presencia policial en puntos considerados “calientes” por su alta incidencia.
¿Qué están haciendo las autoridades?
La administración distrital, junto a la Policía Metropolitana, ha intentado pasar de una estrategia reactiva a una estrategia preventiva, apostándole a mecanismos como:
- Casas de Justicia para resolver conflictos antes de que escalen.
- Mediación policial en barrios donde las riñas son recurrentes.
- Campañas de tolerancia y resolución pacífica de conflictos dirigidas especialmente a jóvenes y adultos consumidores de alcohol.
Sin embargo, el desafío sigue siendo cultural. En muchos sectores de Medellín persiste la idea equivocada de que “ganar una pelea” otorga respeto, lo que perpetúa una mentalidad violenta que se traslada a calles, cantinas y espacios públicos.
Por eso, cada caso como el de Aris Ricardo Figueroa Asprilla no solo representa una vida que se apaga, sino también un recordatorio de que la intolerancia continúa siendo una de las heridas más profundas de la ciudad.