En una operación conjunta entre la Dirección de Investigación Criminal e INTERPOL DIJIN y la Fiscalía General de la Nación, fue capturado en Barrancabermeja, Santander, alias ‘Emilio Zapata’, cabecilla del bloque cuatro de las disidencias de las FARC, responsable de varias masacres en el departamento de Antioquia.
De acuerdo con las autoridades, el capturado contaba con un alto perfil criminal al dinamizar las finanzas ilícitas en el Bajo Cauca y el Nordeste antioqueño. En estas subregiones fungía como el principal articulador de la disputa territorial contra el ‘Clan del Golfo’ y ejecutaba cruentos ataques con explosivos que mantenían en zozobra a la población civil.
Con una trayectoria delictiva de siete años dentro de la organización ilegal, ‘Emilio Zapata’ subió su perfil hasta tener bajo su mando directo a 20 hombres en armas, destacándose por su conocimiento técnico en la fabricación e instalación de dispositivos explosivos improvisados y campos minados.
La SIJIN y la investigación del cabecilla de las disidencias de las FARC
Al procesado se le responsabiliza de dirigir sangrientas confrontaciones armadas entre 2023 y 2026 en municipios como Segovia y Remedios, destacándose un ataque en mayo de 2024 en la vereda Plaza Nueva, donde murieron 13 integrantes del grupo rival, acciones bélicas que desencadenaron una grave crisis humanitaria reflejada en desplazamientos forzados, confinamientos de comunidades rurales y homicidios selectivos en la zona.
Tras su captura, en la que se le incautó un computador portátil con material probatorio clave, fue puesto a disposición de la Fiscalía para ser imputado por delitos de terrorismo, homicidio agravado, concierto para delinquir y porte ilegal de armas, logrando así diezmación estructural a la capacidad de expansión de este grupo armado en el departamento de Antioquia.
La presencia de las disidencias de las FARC en Antioquia
La participación de las disidencias de las FARC en las subregiones del Bajo Cauca y el Nordeste de Antioquia representa una de las dinámicas armadas más complejas y críticas del departamento.
En este territorio operan principalmente estructuras alineadas con el Estado Mayor Central, representadas por frentes como el 36, el 18 y el 4, los cuales han extendido su accionar desde sus zonas históricas de influencia hacia municipios clave como Segovia, Remedios, Anorí, Zaragoza, El Bagre y Tarazá.
Estas facciones aprovechan la geografía estratégica de la región para conectar el centro del país con el Golfo de Urabá, el Nudo de Paramillo y la serranía de San Lucas, garantizando movilidad e impunidad en sus operaciones.
La confrontación por el control territorial es el principal factor de inestabilidad en la zona, dominada por una sangrienta disputa entre las disidencias de las FARC y las Autodefensas Gaitanistas de Colombia, Clan del Golfo, grupo que busca consolidar un dominio hegemónico en los corredores mineros y del narcotráfico.
Para contener el avance del Clan del Golfo, las disidencias han establecido alianzas de conveniencia y pactos de no agresión con frentes del ELN, como el Frente de Guerra Darío Ramírez Castro, generando un escenario de guerra cruzada que impacta directamente a los centros poblados y las áreas rurales.
La financiación de estas estructuras armadas proviene de la cooptación y explotación de las economías ilícitas locales. Su principal fuente de ingresos es la extorsión sistemática a la minería de oro, imponiendo cobros e impuestos a pequeños, medianos y grandes mineros, así como a las maquinarias utilizadas en los ríos Nechí y Cauca.